Bruja

¿Que es una Bruja?

Una bruja (en masculino, un brujo) es una persona que practica la brujería. Si bien la imagen típica de un brujo o de una bruja es muy variable en función de cada cultura, en el acervo popular del mundo occidental la representación de una bruja se asocia fuertemente hoy en día a la de una mujer con capacidad de volar montada en una escoba, así como con el Aquelarre (lugar de brujas) y con la caza de brujas (búsqueda e identificación de brujos y brujas).

Al brujo algunos lo asocian con el vidente o con el clarividente, otros lo asocian con el chamán (quien es un especialista de la comunicación con las potencias de la naturaleza y con los difuntos), mientras que otros lo asocian con un brujo de tribu más orientado a la curación de enfermos del cuerpo y del alma, etc. La bruja (en femenino) es un personaje recurrente de la imaginación contemporánea, que perdura y se afirma gracias a los cuentos, las novelas, las películas, así como a través de ciertas fiestas populares y de sus especiales máscaras.

Historia de las Brujas

Las brujas tienen una historia larga y elaborada.

Sus predecesores aparecen en la Biblia, en la historia del rey Saúl que consulta a la así llamada “bruja de Endor”. También aparecen en el período clásico en la forma de “estirges”, unas temibles criaturas aladas con forma de harpías o lechuzas que se alimentaban de la carne de bebés.

Circe, la hechicera de la mitología griega, era una especie de bruja capaz de transformar a sus enemigos en cerdos. Así era también su sobrina Medea. El mundo antiguo fue, pues, responsable del establecimiento de una serie de figuras retóricas que en los siglos subsiguientes serían asociadas a las brujas.

Sin embargo, no fue hasta comienzos del Renacimiento que nuestra percepción moderna de las brujas se formó realmente. Y un hombre de esa época hizo más que ninguno para definir la forma en que todavía nos imaginamos a las brujas: el pintor y grabador Alberto Durero.

En un par de grabados enormemente influyentes, Durero determinó lo que se convertiría en el estereotipo de la apariencia de una bruja.

Por un lado, como en “Las cuatro brujas” (1497), podía ser joven, atractiva y ágil, capaz de cautivar a los hombres. Por el otro, como en “Bruja montando una cabra al revés” (circa 1500), podía ser vieja y abominable.

Alberto Durero: “Bruja montando una cabra al revés”. Museo Británico.

Este último grabado mostraba a una vieja bruja desnuda sobre una cabra con cuernos, símbolo del demonio. Tiene ubres caídas por senos, una boca abierta por la que da alaridos e impreca y unas hilachas de cabello que apuntan en la dirección en la que se mueve de forma innatural (un signo de sus poderes mágicos). Incluso blande una escoba. He aquí a la matriarca de las brujas que hoy encontramos en la cultura popular.

Para los historiadores del arte, no obstante, la pregunta clave es de dónde sacaron los artistas del Renacimiento el modelo de esta visión espeluznante. Una teoría es que Durero y sus contemporáneos se inspiraron en la personificación de “Invidia” (“Envidia”), tal como la concibió el artista italiano Andrea Mantegna (1431-1506) en su grabado “La batalla de los dioses marinos”.

“La figura de Envidia de Mantegna creó en el Renacimiento la idea de que la bruja era una vieja harpía”, explica la artista y escritora Deanna Petherbridge, una de las curadoras de la exhibición del Museo Británico.

“Invidia era macilenta, sus pechos ya no servían para nada, lo que explica por qué sentía envidia de las mujeres y atacaba y se comía a los bebés. Frecuentemente tenía serpientes en la cabeza en lugar de cabello”, señala.

Un buen ejemplo de este tipo de bruja puede verse en un grabado italiano extraordinariamente intenso conocido como Lo Stregozzo (“La procesión de la bruja”, 1520). En él, una malévola bruja con la boca abierta, el cabello en desorden y ubres secas agarra un caldero humeante y monta un esqueleto monstruoso y fantástico. Su mano derecha enfila hacia la cabeza de un bebé de una pila de infantes a sus pies.

Este grabado se produjo durante la “era dorada” de la imaginería de brujas: los tumultuosos siglos XVI y XVII, cuando los despiadados juicios por brujería convulsionaban a Europa (el punto máximo de la caza de brujas se produjo entre 1550 y 1630).

Como resultado hubo una efusión de símbolos asociados a la brujería brutalmente misóginos, mientras que los artistas aprovechaban la invención de la imprenta para diseminar el material rápida y ampliamente.

“La brujería está ligada a la revolución de la imprenta”, explica Petherbridge.

Para el siglo XVIII las brujas ya no eran consideradas una amenaza. En cambio, se las entendía como ideas supersticiosas de campesinos. Pero eso no disuadió a grandes artistas como Goya de pintarlas.

Los “Caprichos”, la colección de 80 grabados de Goya desde 1799, emplea brujas, duendes, demonios y monstruos como instrumentos de sátira.

“Goya utiliza la brujería metafóricamente para señalar los males de la sociedad”, dice Petherbridge. “Sus dibujos se refieren en realidad a cuestiones sociales: codicia, guerra, la corrupción del clero”.

Escoba con vista

Goya no creía literalmente en las brujas, pero sus grabados siguen estando entre las imágenes más potentes que se hayan hecho nunca sobre brujería.

El grabado número 68 de Los Caprichos es especialmente memorable: una bruja marchita le enseña a una más joven y atractiva cómo volar sobre una escoba. Las dos están desnudas y el dibujo seguramente pretendía ser procaz, por el uso del verbo “volar” como un coloquialismo para referirse al orgasmo.

Por la misma época estaba de moda entre artistas que trabajaban en Inglaterra representar escenas teatrales de brujería.

El artista nacido en Suiza Henry Fuseli, por ejemplo, hizo varias versiones del momento en que Macbeth se encuentra por primera vez a las tres brujas en el brezal.

Para entonces, sin embargo, el arte de la brujería estaba en declive. Carecía de la extraña fuerza imaginativa que había insuflado el género en siglos anteriores.

Grabado No. 68 de Los Caprichos de Goya. Museo del Prado.
Grabado No. 68 de Los Caprichos de Goya. Museo del Prado.

En el siglo XIX los prerrafaelitas y los simbolistas se vieron atraídos por igual a la figura de la bruja, a la que reasignaron el rol de la mujer fatal. Pero podría argumentarse que su siniestra seducción pertenece más al reino de la fantasía sexual que del arte.

La constante a través de la historia del arte de la brujería es la misoginia. Como mujer, ¿cómo hace sentir esto a Petherbridge?

“Al principio, cuando miraban las imágenes, me afectaban mucho porque son muy discriminatorias”, dice.

“Pero ya no me espantan; creo que las salvan el exceso, la sátira y la invención. Con frecuencia los artistas se sentían atraídos a estas escenas porque tenían drama. Eran libres de extender sus alas y crear toda clase de imágenes estrafalarias”, añade.

“Es verdad que estas escenas representan la demonización de las mujeres. Pero muchas veces están ligadas a una crítica social. Las brujas son los chivos expiatorios en los que se proyecta la maldad de la sociedad”.

Círculo Mágico, John William Waterhouse. Tate Britain.
Círculo Mágico, John William Waterhouse. Tate Britain.

Origen de las Brujas

El origen de las brujas se remonta a las primeras eras de la humanidad, eran personas que practicaban la  brujería.  Al brujo se le asocia con el vidente o clarividente, otros lo asocian con un chamán, que son aquellos que se comunican con los difuntos u otras fuerzas de la naturaleza y que también pueden curar a enfermos del cuerpo o del alma. Mientras las brujas son personajes de la imaginación contemporánea gracias a los cuentos, novelas, películas,  como también al día de Halloween, que es una fiesta pagana, donde se creía que los espíritus de los muertos aparecían y se mezclaban con los vivos.

La palabra española BRUJA es de etimología dudosa,  la primera aparición documentada de la palabra en su forma  bruxa, data de finales del siglo XIII.

Se dice que una bruja es la mujer que tiene el poder de la hechicería debido a la ayuda del Diablo o de algún otro demonio.

Características de las Brujas

Las brujas suelen tener un aspecto feo y perverso. Aunque hay brujas de todo tipo. Algunas son altas y flacuchas, otras son bajitas y regordetas. Pero ambas se caracterizan, en la mayoría de los casos, por ser viejas, tener la cara arrugada, una nariz grandota, una fea verruga, uñas largas, dedos flacos y arrugados, una joroba, mentón puntiagudo y la tez puede ser muy pálida o en algunos casos verdosa. Visten ropas anchas y oscuras y sus zapatos son puntiagudos.

Estas brujas además tienen ciertas conductas propias, como que tienen la facultad de volar, nunca lloran, viven por varios siglos, viven en un castillo o en una casona solitarias, o por lo menos sin compañía humana, no les gusta el amor ni los buenos sentimientos, son prepotentes, mandonas, gritonas, testarudas, soberbias y sin sentido del humor.

Tienen un gran libro viejo donde consultan para preparar sus conjuros y hechizos con distintos propósitos, pueden ser para hacer daño a quien se odia; para atraerse la pasión amorosa de alguien; para invocar a los muertos; para suscitar calamidades o impotencia contra enemigos, rivales u opresores reales o imaginarios; para resolver un problema el cual se ha convertido en obsesión y ya no importa porque medio se resuelve.

Significado Etimológico de una Bruja

En latín, las brujas eran denominadas maleficae (singular malefica), término que se utilizó para designarlas en Europa durante toda la Edad Mediay gran parte de la Edad Moderna. Términos aproximadamente equivalentes en otras lenguas, aunque con diferentes connotaciones, son el ingléswitch, el italiano strega, el alemán Hexe y el francés sorcière.

Esta última palabra, femenino de sorcier, deriva del latín vulgar sortiarius (que literalmente significa « hablador de suertes o parlachín de suertes») y del latín clásico sors, sortis (que primero señalaba un procedimiento de clarividencia, y luego significaba destino o suerte).

Diferencia entre bruja y hechicera

El antropólogo español Julio Caro Baroja propone diferenciar entre «brujas» y «hechiceras». Las primeras habrían desarrollado su actividad en un ámbito predominantemente rural y habrían sido las principales víctimas de la caza de brujas en los años 1450 a 1750. En cambio, las hechiceras, conocidas desde la antigüedad clásica, habrían actuado en la ciudad.

Como ejemplo de las primeras Caro Baroja pone a la sorgina de la brujería vasca, y de las segundas al personaje de La Celestina de Fernando de Rojas. De esta última dice que, aunque el autor “dibujó su espléndido personaje tomando elementos de la literatura latina, de Ovidio, de Horacio, etc.” sus rasgos coinciden “con los que aparecen enumerados en los procesos levantados a las hechiceras castellanas por los tribunales inquisitoriales”.

Carmelo Lisón Tolosana distingue también entre hechicera y bruja pero según este antropólogo español la diferencia se basa en la relación que mantienen una y otra con el poder oculto y maligno, con el poder demoníaco. La hechicera invoca y se sirve del poder demoníaco para realizar sus conjuros, mientras que la bruja hace un pacto con Satán, renuncia a su fe y rinde culto al diablo.

“La fuente del poder oculto no es ahora la fuerza de la palabra ni la invocación al diablo ni la ceremonia mágica, sino que aquella proviene de la adoración personal y voluntaria al demonio por parte de la bruja hereje y apóstata; su poder es vicario pero diabólico, adquirido a través de pacto explícito, personal y directo con el mismísimo Satán en conciliábulo nocturno y destructor que anuncia el aquelarre”. El paso de la hechicera a esta “bruja satánica”, “bruja aquelárrica”, como la llama también Carmelo Lisón, se produjo en Europa a lo largo de los dos siglos finales de la Edad Media.

Brujas de Salem

En enero de 1692 se inició en la localidad norteamericana de Salem (cercana a Boston) un juicio contra varios de sus vecinos acusados de practicar brujería.

La denuncia se inició cuando dos niñas, de 9 y 11 años de edad, comenzaron a sufrir convulsiones y espasmos. Entre sollozos afirmaron haber sido embrujadas por mujeres de la localidad que de noche creaban dobles de sí mismas. El juez local les creyó y así se inició una investigación que sumió a la ciudad en un clima de histeria colectiva, surgiendo cada día más niñas embrujadas y nuevos implicados, hasta alcanzar el sorprendente número de 141 acusados.

Finalmente, 20 de ellos fueron ejecutados y cinco fallecieron en prisión. Cuatro años después del juicio, los jurados que dictaron sentencia firmarían una confesión de error, en la que achacaban su actuación al miedo y la histeria desatados desde la primeras acusaciones.

Brujas Reales

Al transcurrir el tiempo, toda la vida nos hemos preguntado si realmente las brujas existen. En la antigüedad se hablaba mucho más de ellas que ahorita, sin embrago es una creencia que permanece en el tiempo. Muchas personas aún confirman su existencia desde el pasado y ahora en el futuro, de esta manera nos preguntamos ¿Cómo son las brujas reales? Al final de este artículo te compartiremos un top con vídeos de brujas reales que han sido grabadas en diferentes partes del mundo.

Esto va más allá de ver una caricatura por la televisión, o imaginárnosla con un traje negro, un sombrero largo, uñas largas y volando en una escoba. Así es como desde niños siempre hemos pensado que son, pero la realidad es otra porque en cierto modo las brujas reales se encuentran en cualquier lugar y precisamente volando en una escoba.

Estas personas que se dicen llamar brujas actúan bajo las influencias de la hechicería, que es la fuente primordial para sus creaciones. Las brujas realizan hechizos de varias índoles, todo depende de la necesidad que desean cubrir. También son capaces de predecir el futuro de ellas mismas y de otras personas, estas pueden ser a través de diferentes medios.

Existen las brujas de magia negra que se dedican a ocasionar problemas a las personas ocasionando malestares de diferentes magnitudes, están las que trabajan la magia blanca que solo predicen el futuro y suelen ayudar a las personas y por otro lado están las que se convierten en brujas en la media noche para caer en los techos de las demás personas.

Estas personas al caer la noche hacen pactos diabólicos mediante rezos y hechizos, los cuales hacen que se convierta en un pavo negro enorme para salir volando a atacar a sus supuestos enemigos, una vez haya realizado su tarea se devuelve a su casa para luego entrar de nuevo a su cuerpo correspondiente.

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